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Si sos una mamá o un papá que corre todo el día de un lado para otro, entre el trabajo, el club, la escuela y las demás actividades de los chicos, detenerte a leer este libro puede ser una buena idea. Un llamado a la reflexión sobre la velocidad y el vértigo de la vida cotidiana que nos hace estar siempre apurados sin preguntarnos ¿para qué?
Carl Honoré es un periodista canadiense que vive en Londres y que en Elogio de la lentitud describe casos de personas o grupos que en diferentes partes del mundo entero que buscan y defienden una nueva forma de vida, más pausada y saludable.
En su búsqueda Honoré descubrió que cada vez hay más defensores de esta nueva forma de vida que se abren paso en oficinas, fábricas, barrios, hospitales, gimnasios y escuelas.
Según relata en la introducción de este libro, su interés por el tema nace cuando tropieza con un artículo de un periódico que promovía cuentos para antes de dormir que solo duran un minuto. El artículo refería a que a fin de ayudar a los padres muy ocupados, varios autores habían condensado cuentos clásicos en fragmentos de 60 segundos. Su impulso inicial fue correr a buscar dichos libros, pero luego lo detuvo una pregunta interior: ¿Qué ganamos corriendo tanto?
Honoré dice que hoy todo el mundo sufre la enfermedad del tiempo y que es necesario poner en tela de juicio la obsesión por hacer todo más rápido. El movimiento hacia la lentitud explica, no es una lucha contra la velocidad, sino contra la adicción a la velocidad.
“La argumentación contra la velocidad empieza por la economía. El capitalismo moderno genera una riqueza extraordinaria pero al coste de de devorar recursos naturales con más rapidez de aquella con que la madre naturaleza es capaz de reemplazarlos.”
También dice que en la actualidad existimos para servir a la economía, cuando debería ser a la inversa. Hoy la mayoría de la gente vive estresada y se estimula con café u otras sustancias para no parar nunca y muchas veces termina enferma a causa de estas conductas. Otra consecuencia de esta forma de vida son los accidentes de tránsito, ya que según menciona, los adormecimientos causan más accidentes que el alcohol. Para ver gente apurada, dice, basta con sacar la cabeza por la ventana. Te encontrarás con gente tocando bocina en un semáforo, personas discutiendo en la cola de un súper porque alguien se olvidó algo o alguien maldiciendo en un consultorio médico por un rato de espera.
Honoré también dice en Elogio de la lentitud, que la vida apresurada nos hace más superficiales , ya que ser profundos requiere tiempo. La lentitud entonces no debe tomarse como una palabra, sino como una filosofía de vida: ser paciente, cuidadoso, reflexivo, sereno, cuidadoso. El movimiento slow trata de dedicar el tiempo necesario para hacer las cosas, no ir a paso de tortuga.
Ejemplos de este movimiento se pueden encontrar en ciudades que estimulan las caminatas y usos de bicicleta o en restaurantes que cocinan en vivo con alimentos recién cosechados.
En el plano del deporte, el auge de disciplinas como yoga o pilates también son ejemplos de esta nueva búsqueda. Y en el plano sexual, las parejas que buscan relacionarse con las consignas del tantra.
El propósito de la obra según el propio autor es presentar el movimiento slow y explicar qué tiene para ofrecer a cada uno: “Como la mayoría de la gente, quiero encontrar una manera de vivir mejor, de conseguir un equilibrio entre la rapidez y la lentitud”
El libro comienza con una interesante exposición sobre el concepto del tiempo y el invento de los relojes. “Hacer que el tiempo sea finito y entonces imponer la velocidad en todos los aspectos de la vida en una dolencia occidental” es una de las frases que aparece en este capítulo.
Refiriéndose específicamente a los niños Honoré dice que una de las primeras palabras que escuchan los chicos diariamente es “vamos, apurate, no demores” y ya crecen con esa consigna. El querer que los chicos tengan éxito en diferentes áreas de su vida hace que los apresuremos y que muchos desde pequeños padezcan insomnio, dolor de cabeza o de barriga, etc. Por eso describe diferentes propuestas educativas basadas en los tiempos de los niños y en las cuales el compartir es más importante que el llegar.
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