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De chiquitos el espejo les devuelve la imagen de dos seres físicamente parecidos, casi iguales, pero el paso del tiempo les demuestra que son dos personas con identidades bien diferentes, que no forman parte de la totalidad que la gente suele llamar “los melli”. Los padres por su parte con las dudas multiplicadas por dos, se debaten entre acentuar las diferencias o potenciar las similitudes. |
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Nadie nace sabiendo ser padre o madre de un hijo…y mucho menos de dos. Es inevitable que la noticia de un embarazo múltiple dispare un sinfín de preguntas y que una larga lista de temores se agolpen en la cabeza de los padres. Miedos y cuestionamientos que todo padre se hace, pero que en el caso de mellizos se multiplican por dos. ¿Es mejor alentarlos para que se despeguen o insistir con unirlos? ¿Cómo evitar las comparaciones? ¿Es bueno destacar las diferencias o conviene disimularlas? ¿Cómo tomar decisiones que no favorezcan sólo a uno?
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En cualquier niño, el momento de la socialización resulta clave, pero en los mellizos parece serlo aún más. Se hace necesario socializarlos porque sino se corre el riesgo de que se encierren en sí mismos generando inclusive lenguajes propios.
Y aquí surge la pregunta del millón, al jardín ¿juntos o separados?, y hete aquí que la decisión que se tome a esta disyuntiva se verá reflejada en el vínculo que los mellizos tendrán de por vida.
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Si bien se reconoce que no hay reglas fijas, al comienzo es importante que vayan juntos, porque la separación de la mamá y del hermano a la vez puede generar un daño mayor.
El apego al hermano se instala en el mismo nivel que el apego a la mamá.
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Ahora en el caso de querer separarlos para estimular cierta independencia, una buena estrategia es esperar para hacerlo en el ingreso a primaria. Puede ser en colegios distintos o clases distintas. Esto es bueno porque ambos deberán generar distintos grupos de amigos. Es bueno también que realicen actividades extracurriculares diferentes también, para que así vayan definiendo sus gustos o intereses poco a poco. Aunque los padres sientan que corren de un lado a otro, si los chicos van a distintos colegios, vale la pena el esfuerzo. Es bueno para los chicos no estar todo el día pegados y desenvolverse en espacios propios e independientes. Así, irán manifestando sus propias personalidades.
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En el libro Gemelos y mellizos. Conociendo a hijos múltiples (El Guión Ediciones, 2002) su autor Luis Velloso afirma, “Para prevenir la tan temida simbiosis entre hermanos, que retrasa y paraliza el desarrollo del niño por falta de estimulación, le corresponderá al adulto que los cuida estar atento, intervenir y reintegrarlos a la rutina de la casa después de cierto tiempo” )
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| La convivencia |
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Suele ser muy común que en el trajín cotidiano los padres tiendan a comparar a sus hijos: quien gateó antes, quién dio el primer paso, quién aprendió a leer primero. Comparaciones que, sobre todo en el caso de mellizos, pueden generar mucha competencia. Más todavía si el par está conformado por una nena y un varón.
Como las etapas de desarrollo en ambos sexos son muy diferentes, el varón siempre llevará las de perder.
Pero, ¿que pasa cuando los chicos crecen y las comparaciones complican la convivencia? Por ejemplo, una situación muy común pero que se complica cuando hay mellizos, la mamá pregunta “¿Qué quieren churrasquitos con arroz o fideos?”, y la respuesta jamás coincide y mamá que no quiere inclinar la balanza para ninguno de los dos lados debe optar por una decisión salomónica reparando los dos acompañamientos.
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| Resaltar las diferencias |
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Pero las diferencias no siempre son malas. Hay casos en que los especialistas aconsejan acentuarlas. Luis Velloso en el libro que mencionamos anteriormente dice, “Es bueno que los chicos tengan sus propias pertenencias, que sientan que hay juguetes o ropa que son de ellos y no también de su hermano mellizo. Que entiendan que su nombre tiene peso propio y que no es parte de un Bloque llamado los melli, que tengan invitaciones, torta y canción de Feliz Cumpleaños propia. Porque todo ello los ayuda a construir su individualidad, a pensarse como personas separadas y no como si compartieran un solo aparato síquico”.
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Les tocará a los padres y a los educadores, entonces, destacar algunas diferencias para que los chicos entiendan que son dos seres, no dos mitades de un todo que se complementan, que tienen nombres, personalidades y sentimientos diferentes. Tanto padres como educadores deberán guiarlos para que la individuación favorezca el surgimiento de dos identidades autónomas. De no ser así, es probable que a ellos mismos les resulte difícil manifestar sus deseos y necesidades, consolidar amistades por separado o formar su propia familia.
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| Autor: Lic. en Psicología y Sexóloga Gabriela Michoelsson |
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