|
En tanto van conociendo enterpretando a su bebé, los padres, en base a interacciones recíprocas, van estructurando el vínculo temprano. La reciprocidad se establece en torno a las representaciones -particularmente las maternas- que los padres van armando acerca de su bebé y les permiten ir conociendo y ajustándose a sus necesidades.
Paralelamente al control pediátrico, los padres pueden obtener un mayor conocimiento de su bebé a través de la intervención de un profesional experto en conducta neonatal, cuyo fundamento es establecer una relación de cooperación con los padres, utilizando la conducta del bebé como comunicación.
En un ambiente continentador y respetando al recién nacido, los padres pueden obtener un mayor conocimiento de su bebé ante el profesional, a medida que esta realiza la evaluación de las conductas. Dicha evaluación, no es calificativa, sino descriptiva en tanto que señala el significado adaptativo de las respuestas del bebé en la medida que reflejan sus mecanismos internos y su adaptación al ambiente.
La descripción de estas reacciones y lo que significan para el bebé, da a los padres la posibilidad de comenzar a entenderlo más profundamente y acercar las representaciones que de él tienen, a la realidad. Es la oportunidad para ver que la conducta es el lenguaje del Recién Nacido.
Conocer la reacción ante los estímulos visuales y/o auditivos, la organización de los estados sueño-vigilia, las conductas motoras, la capacidad de aceptar el consuelo y de auto-consolarse y la predisposición para atender e interactuar socialmente entre otras conductas; equivale a abrir una ventana a los padres desde la cual tienen la perspectiva de un bebé con características individuales reconocibles y cognocibles que lo definen como un ser social desde el momento de su nacimiento.
Al final de la sesión, los padres obtienen un perfil de su bebé, con sus fortalezas y sus debilidades adaptativas junto a un soporte y colaboración respecto a sus preocupaciones sobre la modalidad adecuada de crianza.
Las intervenciones periódicas permiten elaborar una proyección más ajustada sobre el desarrollo del bebé particularmente en las situaciones de riesgo.
Una intervención temprana mediante la evaluación de la conducta neonatal apunta a detectar no solo desviaciones en el desarrollo, sino también a encauzar las posibles dificultades en el vínculo temprano padres-bebé , disminuyendo así los costos emocionales para la familia y los costos económicos para los gestores de la salud. Que se generan por la falta de atención a estos aspectos del desarrollo neonatal.
|