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La sexualidad después del parto

Sobre el vientre de mamá o sobre el pecho de papá, el recién nacido descansa tranquilo. Es que el parto ha terminado y comienza el puerperio.

Tal vez con este nacimiento, además del bebé que se estrena como ser humano, la pareja debuta como “padres”, o tal vez sean reincidentes en estas cuestiones. Pero en cualquiera de los dos casos a todos les espera un tiempo muy especial, con un comienzo bien marcado y una fecha imprecisa de terminación.

Nadie puede predecir cuándo termina el puerperio, pero si que cosas pasan durante él. Hay muchas novedades a las que habrá que acostumbrarse. Papá y mamá, que no han dejado de ser un varón y una mujer, deberán aprender a compatibilizar ambos roles.

“HOLA, YO SOY EL BEBÉ”
Y así se presenta este manojito de ternura, con todas sus necesidades reales, indiferente a ciertas palabras que se pronuncian a su alrededor, como depresión puerperal, lactancia, episiotomía.

Pero a papá y mamá le suceden muchas cosas. En un primer momento, la sexualidad, entendida como genitalidad, obviamente no cuenta para nada. Toda la preocupación está puesta por la mamá en sí misma y en el bebé.

La segunda etapa es la vuelta a casa y el enfrentamiento con la nueva situación: Hay que empezar a reacomodarse lentamente.

Las primeras semanas del bebé también son nuevas para mamá y papá que nacen a una vida nueva. Coexisten en la reciente mamá momentos de gran euforia, de intensa alegría, con otros angustiantes, relacionados con el poder o no satisfacer las necesidades del pequeño rey de la casa.

Y en esta segunda etapa la sexualidad suele pasar por las mismas vicisitudes que toda la relación de la pareja: vaivenes, reajustes, inseguridad.

La tercera etapa se constituye en un proceso constante de adaptación a la nueva situación. Toda la familia se reacomoda a los nuevos roles: el marido o compañero empieza a ser papá, si hay hermanos buscan reconocer y habituarse al nuevo huésped y aceptar la competencia y mamá ya tiene el cuerpo de siempre (no embarazado) y ha vuelto por lo general a trabajar.
EL PUERPERIO Y LAS RELACIONES SEXUALES
En todas las culturas, después del nacimiento del hijo o hija, se imponía un período de abstinencia sexual, posiblemente para evitar infecciones.

En las civilizaciones antiguas esta especie de “veda” se justificaba por las pérdidas vaginales de sangre.

Con el tiempo, la medicina fijó la “cuarentena”, durante más o menos seis semanas la pareja debe estar separada genitalmente. Esta actitud obedece a una medida impuesta en épocas anteriores a los antibióticos.

Si leemos los libros de obstetricia más actuales no suelen ser muy explícitos en cuanto a la justificación de la abstinencia y aconsejan que las relaciones sean suspendidas porque la mujer necesita recuperarse y los puntos de la episiotomía deben cicatrizar.

Actualmente hay médicos que siguen imponiendo la cuarentena; sin embargo muchos sostienen que las relaciones sexuales pueden reiniciarse cuando la pareja así lo desee.
EL DESEO SEXUAL
Pero ¿cuándo reaparece el deseo sexual en la mujer? Pues bien, esto depende de diversos factores, no hay un patrón en común, depende de cada mujer, de la clase de parto que hay tenido, como vive su puerperio y también de las características del bebé: no es lo mismo un bebé que duerme ocho horas que el que se despierta cada dos horas.

En algunas mujeres, el rol de madre está tan relevado que necesita cierto tiempo para volver a equilibrar los aspectos de su personalidad. Por eso es importante que la pareja sepa que estas cosas pueden pasar, que están dentro de lo esperable y que a veces hay que esperar más y otras veces menos para que el deseo vuelva a aparecer.

En otras mujeres la respuesta sexual es totalmente opuesta y se sienten sumamente excitadas desde el primer período del puerperio. Esto depende de las características personales y no sólo de cuestiones circunstanciales.

Las molestias físicas y el cansancio son los factores que más inciden en la postergación del reencuentra sexual de la pareja. La fatiga y el mal dormir están peleados con la sexualidad. Cuando una persona está cansada o tiene un malestar físico, es muy difícil que tenga ganas de tener relaciones sexuales.

Pero el no tener relaciones genitales no implica que se excluyan las caricias, los mimos, los juegos y todo tipo de actitud que sea placentera para ambos y que vaya de a poco preparando el clima para relaciones sexuales más completas.
LO IDEAL: UN PUERPERIO DE A DOS
Es obvio que la mujer es la que ha parido, la que va a amamantar al niño si así lo puede, la que tiene sus órganos resentidos y sufre los cambios fisiológicos puerperales. Pero también es cierto que su pareja puede alivianar esta situación.

Muchas veces el bebé se despierta de noche por motivos que el padre es capaz de satisfacer, y si así lo hace, la mujer necesitará mucho menos tiempo para recuperarse, estará menos cansada y propiciará con ganas la reanudación de la vida sexual.

Es bueno aclarar que el varón tiene que acomodarse a su nuevo rol de papá, que también le exigen un rol de adaptación.

Pero el restablecimiento de la actividad sexual depende fundamentalmente de la comunicación de la pareja, hablar de sus cosas, estar juntos y cuidarse mutuamente en la intimidad es sumamente importante.

Hay parejas que después del nacimiento del bebé solo hablan del hijo/a y sienten que a ellos ya no les pasa nada que no tenga que ver con el pequeño. Pero es necesario mantener un tiempo exclusivo para ambos, para esa comunicación.

La mujer necesita tiempo para reestablecer los encuentros sexuales. El varón también. Algunos de los dos se sentirán predispuestos antes que el otro, pero deberá encontrar el momento adecuado de estimular sin presionar… y también de esperar.

Durante el puerperio, y también después, hay tiempo para aprender a ser padres y tiempo para gozar de la convivencia en pareja. Tiempo íntimo, espontáneo y no cronológico, tiempo siempre decidido de a dos.
Autor: Psic.Sex.Gabriela Michoelsson
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