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Luz prendida o apagada

Hay muchas mujeres y también parejas que hacen el amor a oscuras, a veces por vergüenza, a veces por costumbre, perdiéndose así todo el estímulo que es posible obtener a través de los ojos.

El desnudo tiene un atractivo especial, y de ello no cabe duda.
Hacer el amor sin dejarse llevar por el placer de la vista, se torna una performance que si bien libera otros sentidos como el tacto o el olfato, no es más que una actuación como si estuviesen en trance, adivinándose y cumpliendo una rutina diríamos más o menos igual todas las veces.
Nada tiene que ver esto con tomarse tiempo para contemplarse el uno al otro y hacer frecuentes contactos visuales, convirtiéndose así los ojos en un órgano sexual de vital importancia.
El sentido de la vista estimula
El sentido de la vista nos estimula el deseo sexual mediante las actividades de exhibirse frente al partenaire y también de contemplarlo para deleite de los óculos.
En una encuesta sobre la sexualidad que realizó la Universidad de Chicago en 1994, el estudio más extenso y científicamente riguroso que se ha hecho nunca, resultó que “ver desvestirse a mi pareja” fue la segunda en la lista de las actividades sexuales favoritas, después del coito, pasando incluso por delante, tanto para varones como para mujeres, de hacer o recibir sexo oral.
Lentamente es más sugestivo.
Pero, pongámonos de acuerdo, la desnudez total así, de una, no es tan excitante como las diversas fases de desnudez parcial. Parece paradójico, pero da mucho resultado erótico que los amantes se vistan en lugar de desnudarse para hacer el amor.

Esto ¿que quiere decir?, pues simplemente que la pareja se puede excitar entre sí dejando al descubierto partes de su cuerpo o de la ropa interior, de manera lenta y deliberada, moviéndose o bailando de modo erótico y adoptando poses sexualmente explícitas.

Para efectos visuales también se pueden incorporar durante el juego sexual prendas de vestir fetichistas, como por ejemplo los tradicionales zapatos con tacón aguja o ropa de cuero o látex, o cualquier objeto al que la persona le de un valor sexual.

Algunas parejas disfrutan del placer visual de ver juntos videos explícitamente eróticos. Los varones y mujeres a los que les gusta la pornografía dicen que no sólo es excitante mirar escenas sexualmente atrevidas sino que cuando en ellas se respeta a la mujer y se dirige a la satisfacción femenina también puede ser una valiosa educación sexual para adultos, ya que ofrece un plano de carreteras para los territorios de placer sexual no cartografiados.

Si a esto le agregamos ciertos sonidos, le puede añadir al encuentro sexual más intensidad, ya sea música suave, ritmos cadenciosos o los roncos suspiros y gemidos de la pareja. Pero ningún sonido se puede comparar a la respiración jadeante que expresa el deseo.
Mirame, sentime y tocame
Muchas mujeres prefieren hacer el amor a oscuras por inhibiciones propias, tal vez porque se sienten gordas, feas, que alguna parte de su cuerpo no les gusta y quizás la ilusoria sensación de la oscuridad, les hace sentir apenas un poco más seguras, siempre y cuando la insistencia del varón (que en esto de mostrarse desnudo generalmente no tiene problemas) las haga poner, aún, “más coloradas”.

Con una imagen propia negativa es difícil gozar del placer del sexo, de la entrega y del orgasmo. A oscuras es difícil encontrar el camino. Por lo tanto para revertir esto es necesario prender las luces y que la mujer haga primero y a solas, todo un trabajo de autoreconocimiento para luego poder entregarse a su pareja. Es necesaria la autoobservación frente a un espejo de cada parte del propio cuerpo.

Perder el pudor propio, la vergüenza frente a un cuerpo hermoso porque siempre lo es. Este es el comienzo del camino de quererse a si misma, de aceptarse, de sentirse; para poder luego dejar que el otro la mire, la sienta, la toque, la goce.

Lamentablemente algo que conspira contra este bienestar, son los prototipos de amantes masculinos y femeninos en la historia, en especial en cine y video, que son justamente longilíneos y plásticos, hermosos y delgados.

Pero, esto de nada sirve, pues, el deseo sexual y la capacidad orgásmica no dependen de la armonía o desarmonía de la figura corporal.

Los obesos llegan a ser grandes amantes. Tal vez no sean adecuados para ilustrar una escena erótica en el cine o en la televisión, pero hay testimonios que avalan la capacidad erótica y sexual de ellos y ellas.

En cuanto a la estética de las personas mayores, pocas o ninguna vienen a ser las publicaciones ilustradas que tienen como prototipo una pareja de adultos mayores o un varón o una mujer mayor con una persona joven. Pareciera que los viejos, así como los obesos, minusválidos,etc, se convirtiesen en seres asexuados a los ojos de los demás, cuando ello no es así.

En definitiva, disfrutar del sexo, es disfrutar de las sensaciones corporales, es mirar y ser mirado, tocar y ser tocado, besar y ser besado. Es enaltecer los sentidos corporales hasta explotar en el goce más elevado, sin importar la edad, los kilos o la cara que se tenga. Es el imperio del placer sin restricciones de ninguna índole.

Lic. En Psicologia y Sexóloga Gabriela Michoelsson
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